Las Santas - Continuación del Martirio

Continuación del Martirio

Al día siguiente las llama de nuevo el tirano, sin saber con qué tormento las va a amenazar esta vez para conseguir rendirlas y doblegarlas a que adoren los ídolos.

 


Cuando llegan a su presencia nota que apenas pueden andar. Como les habían arrancado las uñas de los pies, los tienen hinchados y no pueden dar un paso sin sentir indecibles dolores. El tirano manda que anden más de prisa y ellas no pueden.

El cruel Diogeniano, sonriendo las dice: "No sabía que hacer esta vez con vosotras pero habéis sido vosotras mismas las que me habéis dado la idea". Y dirigiéndose a los soldados, les dice: "Coged a éstas y así descalzas como están atadlas a las colas de dos caballos y dos de vosotros id a dar un paseo con ellas por lo más abrupto y pedregoso de Sierra Morena".

Ellas, oyendo la sentencia con horror, dijeron interiormente: "¡Dios mío: Que sea lo que Vos queráis!".

Emprendieron el camino acompañándolas el mismo presidente Diogeniano que esperaba que, de un momento a otro, se rindieran y se ofrecieran para adorar a los ídolos. Hicieron el viaje por Guadalcanal y Almadén de la Plata para aprovechar y ver como iban las minas de plata.

Indecibles fueron los tormentos de las Santas. Al terrible dolor de los pies, cada vez más hinchados, era sofocante y calor y el cansancio. Con tan terribles dolores apenas se daban cuenta de las burlas y sarcasmos de los soldados. Pero Diogeniano no consiguió su intención. Cuando su fatiga llegó al extremo de no poder dar un paso, y agobiadas por los dolores cayeron desbanecidas, no tuvo más remedio que cargarlas en los caballos si quiso que volvieran a Sevilla con vida.