Las Santas - Interrogatorios

Interrogatorios

Se hizo público el día en que iban a juzgar a las cristianas; ya muy temprano acudieron al juicio gran multitud de hombres y mujeres, devotos de la diosa Salambona que, sedientos de sangre, estaban allí para pedir venganza por el ultraje de las cristianas.

Entra Diogeniano rodeado de sus esbirros y la gente aplaude de pie. Momentos después aparecen las dos castas doncellas. Diogeniano, como gavilán que mira a su presa, las mira con ojos airados.

La gente empieza a gritar: "¡Muerte a las cristianas! ¡Muerte a las cristianas!"Mandó el Presidente poner silencio y seguidamente dijo a las valerosas Heroínas de Cristo:

"El tremendo ultraje que habéis hecho a Salambona, os ha merecido la pena de muerte; no obstante vuestra juventud me mueve a compasión y os voy a dar la posibilidad de que os podáis salvar"

-Ya entiendo lo que me quieres proponer- contesta Justa; no insistas; jamás renegaremos de nuestra fe.

Diogeniano, reprimiendo un movimiento de cólera, replicó: "Tu poca edad no comprende el alcance de tus palabras, que además comprometen a tu hermana"

-Estás muy equivocado -replicó vivamente la joven Rufina-, mis creencias son las mismas de mi hermana, mi fe es también la suya, y como ella, yo también estoy dispuesta a derramar hasta la última gota de mi sangre antes de renegar de Cristo.

Entonces, el tirano, agitándose rabiosamente en su trono, con voz fuerte y excitada les dijo: "Os lo repito por última vez: ¿Queréis adorar a nuestros dioses?"

-Nunca -replicaron las Santas-; nosotras no reconoceremos otro dios que nuestro Dios y a El sólo adoraremos.