Las Santas - Piedad

Piedad, Oración y Sacrificios

Según San Juan Crisóstomo, la santidad y virtud de un alma santa sólamente puede conocerse por el aprecio que haga de la oración. Ni la virginidad, ni la humildad, ni la paciencia en las adversidades, ni siquiera el amor y cuidado de socorrer a los necesitados dan a conocer la santidad de un alma como lo da a conocer la oración.

Todas estas virtudes se pueden dar en un alma sin fe y sin queame a Dios; pero el cuidado de hacer oración diariamente y de poner en ella toda su esperanza y empeño, sólamente se puede dar en las almas santas que ponen toda su confianza en Dios. Por eso, repetía San Juan Crisóstomo: "No hay señal más clara para conocer la virtud de un hombre que el ver el aprecio que éste hace de la oración".

No cabe duda que las Santas Justa y Rufina eran almas de acendrada oración.

La misa diaria y la comunión siempre que podían, esa no les faltaba; pero además, como todos los santos, siguiendo el consejo de Cristo, se pasaban grandes ratos orando en el secreto de su casa, sin que nadie lo supiera.

En la oración se hacían fervorosas y sentían grandes deseos de padecer por Cristo para así, de alguna manera, corresponder a su amor.

Se sacrificaban con ayunos y penitencias, y todo lo que ahorraban se lo daban a los pobres más necesitados, recordando las palabras de Jesús: "Todo lo que deis a los pobres en mi nombre, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, no quedará sin recompensa".