Las Santas - Muerte de Rufina

Muerte de Rufina

El maravilloso milagro del fiero león hambriento que se vuelve cual manso perrito y la acaricia, a unos convierte al cristianismo y a otros enfurece todavía más.

En aquél momento, las gradas del circo parecían un infierno; mientras unos gritan: "¿Qué le pasa a ese león? Azuzadle para que la embista". Otros gritan: "Es una bruja, que vaya el verdugo y le corte la cabeza". Y otros, en cambio, reconocían: "El único y verdadero Dios se ha demostrado que es el Dios de los cristianos".

Por fin prevaleció la idea de los que pedían que la degollara el verdugo. Así lo ordena Diogeniano Presidente y Gobernador de la Bética. Tenía sólo 18 años cuando salió el verdugo e hizo rodar su cabeza por los suelos.

El venerable Obispo Sabino recogió sus restos por la noche para darle cristiana sepultura en el cementerio de los cristianos donde también había enterrado a su hermana.

Este cementerio estaba en el mismo sitio donde está hoy la iglesis de los PP. Capuchinos, en la llamada Ronda de Capuchinos.

En este mismo lugar donde está la iglesia de los PP. Capuchinos hubo antiguamente un templo más pequeño que llamaban "La Basílica de las Santas Justa y Rufina", y refiere la tradición que el Santo Obispo San Leandro, muy devoto de las Santas lo visitaba asiduamente.

Como el templo era pequeño y estaba ruinoso, el Santo Obispo lo mandó reconstruir mayor, y puso en la fachada una inscripción en latín que decía: "ESTA ES LA CASA DE LAS SANTAS VIRGENES JUSTA Y RUFINA".