Las Santas - Rufina entre las fieras

Rufina entre las fieras

El día siguiente es el señalado para que las dos doncellas sean llevadas al anfiteatro para que, luchando con los leones, mueran entre sus garras.

El Pretor ordena a los soldados que bajen a las cárceles a buscarlas. Cuando al volver con una sola le dijeron que la otra estaba muerta, hizo un gesto de gran contrariedad. Mandó que la custodiasen hasta la hora señalada en la que debía ser introducida en el circo para que allí pudiese demostrar todo su valor luchando hasta morir entre las fauces de los leones.

Era aquel un día de fiesta y la diversión que más gustaban los sangrientos romanos eran las luchas a muerte que se desarrollaban en el anfiteatro. Por eso, aquel día las gradas estaban llenas. En un lugar destacado estaba la tribuna de la presidencia. En ella estaba como máxima autoridad el Pretor Diogeniano acompañado de las principales autoridades.

Empieza el espectáculo. Después de varios juegos y luchas sangrientas, mandan salir a la Cristiana.

Salió Rufina tranquila y serena, caminando con paso seguro y firme hacia el centro de la arena. Allí se postró de rodillas y, elevando el rostro al Cielo, hacía fervorosa oración. El pensamiento de que dentro de breves minutos iba a tener su encuentro con el amadísimo Jesús, la hizo caer en delicioso éxtasis.

Entonces el público empezó a gritar: El león, el león echadle el león. Y el león no se hizo esperar. Salió la fiera rugiendo y saltando mirando hacia las gradas todo alrededor. De pronto observó en medio a su víctima, y dando un feroz rugido y varios saltos en un momento la alcanzó. Pero ¿qué sucedió entonces? ¿Qué vio el fierísimo león para en aquel momento cambiar toda su fiereza en mansedumbre, como si fuera un cordero, y ponerse a lamer los pies de la Santa como si fuera un perrito?